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La costa de Buenos Aires

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Dulce y salado: los estuarios LOS ESTUARIOS son el escenario de fabulosas y complejas transiciones entre la vida de agua dulce y la vida del mar. Se trata de ambientes más o menos cerrados por donde ríos o lagunas fluyen hacia el océano. Reciben la influencia de las mareas y suelen estar protegidos de las fuerzas directas de las grandes olas, los vientos y las tormentas. Los hay de formas y tamaños diversos, pueden ser bahías, lagunas, o deltas. Pero su condición de estuario mejor se define por la mezcla del agua dulce y salada que en ellos se genera. Por otra parte, actúan como filtros del agua dulce cargada de sedimentos y nutrientes antes de que sea drenada al mar. En algunos casos, su vegetación también es esencial para amortiguar las crecidas y tormentas, y reducir el riesgo de grandes inundaciones. La mayoría de los organismos que los habitan son de origen marino. Una importante ventaja para quienes viven en ellos sería la abundante comida, más allá del estrés fisiológico que implica un ambiente de cambiante salinidad. Por el alto número de especies de invertebrados y peces que se reproducen en los estuarios se los considera criaderos del mar. A lo largo de las costas marinas de nuestro país existen hoy unos 15 estuarios principales y otros 20 menores, incluyendo desde planicies, a rías y lagunas costeras. La provincia de Buenos Aires tiene casi un 30 % de sus costas bañadas por aguas estuariales. De norte a sur, sus principales estuarios son: - Río de la Plata - Laguna de Mar Chiquita - Quequén Grande y Quequén Salado - Sauce Grande - Bahía Blanca - Bahía Anegada y San Blas. El gran Río y la Bahía EL RÍO DE LA PLATA colecta las aguas de la segunda cuenca más grande de América, integrada por los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay. Al verter hacia el Atlántico genera un inmenso estuario de aguas ricas en nutrientes y materia orgánica. Tiene apenas 3 m de profundidad en la zona interna y hasta 18 m hacia el límite exterior. Su amplitud de marea varia entre 0.35 m hacia el norte y 1 m hacia el sur. El agua dulce del gran río circula hacia el océano por superficie, mientras que el agua salada más pesada penetra hacia el estuario por debajo. La diferencia de salinidad entre ambas capas decrece hacia el mar. Existe una influencia de las aguas marinas que se hace sentir casi hasta la ciudad La Plata, y la acción de las mareas se registran incluso hasta San Pedro, sobre el río Paraná, y hasta Gualeguaychú, en el río Uruguay. De tanto en tanto soplan las sudestadas, fuertes vientos del sudeste que detienen la descarga de agua dulce del río Paraná y el río Uruguay. Las aguas del Río de la Plata crecen entonces y llegan a inundar nuestras costas. Estos vientos vigorosos logran mezclar el agua dulce superficial con el agua más salada de la capa inferior. Así las cosas, las especies que habitan en una u otro estrato se ven expuestas a bruscos y notables cambios de salinidad. Los organismos más móviles pueden desplazarse, mientras que los menos móviles deben estar adaptados para soportar. Dicen que siempre que sopló, paró. Tras una sudestada, el río vuelve a fluir sin barreras con renovada fuerza, y las mezcladas aguas del estuario son desplazadas hacia el océano. En poco tiempo el sistema se restablece, con agua marina que penetra al estuario por debajo del agua de río. En el Río de la Plata hay áreas de puesta y cría de diversas especies de peces, y en forma estacional algunas especies de mamíferos marinos se concentran en busca de sustento. No hay que obviar cuestiones de fondo. El lecho del Río de la Plata es una inmensa planicie con bancos y canales formados por las corrientes. Sus fondos varían desde una textura arenosa en la cabecera, hasta lodo y arcilla en la desembocadura. En Punta Piedras, extremo norte de la Bahía San Samborombón, hay tosca en el fondo, un sustrato duro de limo y arena compactados. Hablando de la Bahía Samborombón, ella expone sus 180 km de costas sobre este ambiente estuarial. También recibe la descarga del río Samborombón, del rio Salado, y de los canales artificiales que desagotan la zona central de la provincia de Buenos Aires. Un laberíntico sistema natural de canales que se carga y descarga con el ritmo de las mareas atraviesa la bahía. Los cangrejos están allí en casi todas partes, y las aguas son favorables para el crecimiento de juveniles de distintos peces. Lisas, córvalos, palometas, lenguados y pescadillas, empiezan su vida larval en el estuario exterior y el viento y las corrientes las desplazan hacia la bahía. También es área de desove y reproducción de la corvina negra. Miles de aves playeras migratorias hacen escala en la bahía. Durante la marea baja, los bancos intermareales se llenan de chorlos y playeros en busca de comida. Un pequeño playero puede comer cientos de bivalvos, o miles de pequeños crustáceos por día. Cuando sube la marea, las aves se concentran sea en pastizales y playas de cangrejales más elevadas, o en humedales interiores que utilizan como áreas de dormideros o para forrajear. Extensas planicies intermareales donde comer y lugares cercanos para descansar durante la marea alta, son dos rasgos en común de las principales escalas que eligen chorlos y playeros migratorios sobre las costas del Atlántico. Entre los mamíferos, alrededor de medio millar de ejemplares del escaso y vulnerable Ciervo de los Pantanos tienen su refugio más austral en ambientes de la bahía Samborombón donde domina la vegetación herbácea. En recuadro: Punta Rasa Las playas de Punta Rasa, en el extremo Sur de la Bahía Samborombón, son visitadas año a año por miles de chorlos, playeros y gaviotines migratorios. Las especies que provienen del Hemisferio Norte empiezan a llegar a principios de agosto y en el verano suman miles de individuos. El área es una reserva natural y excelente lugar para la observación de aves. Cuenta además con un Centro de Interpretación que nos permite explorar el fenómeno de las migraciones y descubrir el trabajo de anillado que se hace con las aves para conocer sus rutas y ayudar a conservarlas. Fin de recuadro La laguna costera de Mar Chiquita LA LAGUNA COSTERA de Mar Chiquita tiene unos 25 km de largo y un ancho de entre 4.500 m y 100 m, cubriendo 46 km². Se estrecha desde el norte hacia el sur, donde surge el angosto canal que la conecta con el océano. Como un cuello de botella y al ritmo de las mareas, el agua debe circular a mayor velocidad por este canal, significando alto stress para los organismos que allí están. Entre la laguna y el mar se extienden más de 20 km de dunas costeras, tanto vivas, semi fijas, como colonizadas por vegetación. Un ambiente a valorar y conservar, más al considerar que sobre casi 5.000 km de costas continentales y fueguinas en nuestro país, solo 180 km son costas con dunas hacia el mar. El agua dulce de unos pocos ríos la nutren, mientras que el ritmo de las mareas impone en buena medida la entrada y la salida del mar. Los vientos también hacen su juego. Cuando soplan del SO, la laguna disminuye la descarga y aumenta su nivel; cuando lo hacen del NE, se reduce el ingreso del agua salada, y por tanto disminuye el nivel de la laguna. En las planicies de marea hay miles y miles de cangrejos con sus cuevas. Y desde hace unos años apareció un invasor silencioso que avanza y avanza sin parar. Como es propio de ambientes estuariales, los peces de Mar Chiquita tienen diversos orígenes. Los de agua dulce son escasos, y desarrollan su ciclo en la cabecera de la laguna, como la madrecita Jenynsia. Entre los peces residentes con su ciclo de vida en el estuario, el único conocido es el gobio Gobiosoma parri, quien se asocia a los arrecifes del poliqueto asiático. Una tercera categoría son los peces marinos que suelen estar en la desembocadura o en la boca del estuario, pero no dependen del mismo para completar su ciclo de vida. Es el caso de la pescadilla de red y el cornalito. Diferente es la estrategia de los peces marinos que sí dependen del estuario, al transitar al menos una etapa de su ciclo de vida en la laguna, sea para desovar, criar o comer. El más abundante entre ellos es la saraca, cuyas larvas se encuentran en la laguna a partir de enero. Otros peces de estas características son el pejerrey baboso, la corvina rubia, la lisa, la corvina negra, y los lenguados. También hay peces que solo aparecen en forma ocasional. Entre las aves, muchas migratorias por las playas de Mar Chiquita vienen y van. Entre Bahía Blanca y Bahía Anegada El ÁREA ENTRE LOS ESTUARIOS de Bahía Blanca y Bahía Anegada incluye grupos de islas, bancos de arena, y canales de marea. Con 2.290 km² el estuario de Bahía Blanca es el más extenso del sur de la provincia de Buenos Aires. Tiene un canal principal al cual desembocan numerosos canales entre amplias planicies de marea, espartillares, bancos de arena e islas. El aporte de agua dulce es muy bajo en comparación al volumen de agua marina que lo penetra. En la zona interna del estuario la salinidad varía entre 19‰ y el 40‰ entre invierno y verano, debido a la intensa evaporación estival. Como referencia, 35 ‰ es un valor promedio para la salinidad media del agua de mar en Mar del Plata. El escaso aporte de sedimentos tanto de los ríos como de la plataforma interior estaría causando el retroceso del estuario de Bahía Blanca, tendencia que se da también en Bahía Anegada, donde desemboca el Río Colorado. En los espartillares pululan laboriosas multitudes del cangrejo granuloso y del cangrejo de patas largas, quienes además construyen allí sus cuevas. Las costas de la Bahía San Blas, en la zona sur de la Bahía Anegada, marcan una transición entre las costas marinas bonaerenses y las patagónicas. Hasta hace poco tiempo albergaban una de las poblaciones más estables de la almeja amarilla. Entre los peces, entre otros desovan el gatuzo, la pescadilla, lenguados, y la merluza común. Hay grandes colonias de la gaviota cocinera y del gaviotín sudamericano, y también una pequeña colonia de cormoranes. Cerca del 90% de la población reproductiva de la escasa gaviota cangrejera nidifica en estas bahías. El ostrero pardo, la gaviota capucho café, el flamenco austral, el cisne de cuello negro, garzas y patos son otras aves que tienen allí a sus crías. Las aves migratorias muestran baja diversidad, y altas concentraciones del chorlito doble collar se hacen notar. Entre los mamíferos marinos, el área incluye el asentamiento reproductivo del lobo marino de un pelo más importante de la provincia de Buenos Aires, y el delfín franciscana encuentra en las aguas de Bahía Anegada buen resguardo para comer y criar. Fuente: Santiago G. de la Vega, 2005. La Costa de Buenos Aires, las Leyes del Mar. Contacto Silvestre Ediciones.




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